5:47 AM
El
rocío de la noche te atrae con sus vientos congelados; apagando el fuego que
sale de tus labios, desarticulando la brújula que te sostiene hacia el descanso,
guiándote hacia el lugar más lejano y libre de los restos de una civilización
perdida en sí misma, rompiendo los esquemas, tomándome en sus brazos, haciendo
que despiertes de tu somnolencia con sus movimientos más rítmicos y
melancólicos, como las hojas, mientras se dejan llevar por la suavidad con que
las sostiene la gravedad donde la materia pasa a un mejor lugar.
Seguir
mirando el cielo mientras esperas el momento más impresionante en el que puedas ver más lejos de lo que tus ojos
puedan observar y de lo que tu mente se podría imaginar, pero el temor de lo que
puedas encontrar, impide a la voluntad dejarse llevar por la facilidad de
convertirse en una nota más de la orquesta nocturna que nos permite vivir algo
que fue hecho para admirar, cuando nadie piensa en salir a buscarlo y oculto
cuando algún ciego anhela apresar con sus mentiras y explotar cada segundo de
su brillo camuflajeado en la oscuridad de la noche.
Mientras
el rostro se eleva como si estuviera atrapado en un hilo, luciendo miradas que
sonríen y se pierden en la inmensidad del infinito y así sentirse como un niño
en un campo de verdad, disperso como las cenizas que el tiempo lleva entre el
espacio gracias al viento que no desea verlas escondidas en un rincón, sino
desea moverlas para que no se conviertan en memorias perdidas de una noche que
no se repetirá.

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