y sus filosas pendientes,
queriéndote mostrar el cielo anaranjado
al final de la jornada,
pero cuando alcance con mi mano tu espalda,
el tiempo se había esfumado
y tu mente paralizado;
dejando pasar otro día inadvertido
como el viento detrás de un vidrio,
otro día oculto bajo la sombra
dibujada por la oscuridad en la calle,
en una tarde de septiembre.

