Cuando el sol salió su mirada se encendió,
y el iris de sus ojos exhibía el tono anaranjado
del ultimo otoño en que la vi;
Observar el colorido paisaje de un otoño
era como perderse en la infinidad de sus ojos,
encontrando un alma infante que la hacia reír
al ver las hojas caer libremente,
y al sentarte junto a ella podías escuchar su voz
entonar con el viento una melodía relajante,
haciendo descansar a la mente del ruido
y al corazón de la melancolía.
Observar el colorido paisaje de un otoño
era como perderse en la infinidad de su sonrisa,
encontrando en su labios palabras de amor
que hacían eterna la luz del día,
y en el atardecer podías caminar junto a ella
escuchando el silencio de la naturaleza envejecer,
para regresar al mismo punto de partida
que me permitía verla cada 365 días;
Cuando el sol ocultó su mirada se apagó,
pero el iris de sus ojos aún exhibía el tono anaranjado
del ultimo otoño en que la vi.

Muy hermoso es este poema romántico, comparar una mirada de amor con los suaves matices del otoño y ver el ocaso en su sonrisa, antes de despedirte de ella, quizás para siempre. Me ha gustado tu estilo de escribir. Recibe mi felicitación. Y también te invito a visitar mi blog de poemas, cuyo link es: http://elsenderodemisversos.blogspot.com Serás bienvenido. Un saludo cordial. Ingrid Zetterberg
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